Los pequeños productores agrícolas de los países en desarrollo cultivan una proporción fundamental de los principales cereales —como el maíz, el arroz, el mijo y el sorgo— y, sin embargo, la mayoría continúa débilmente integrada en cadenas de valor estructuradas. Limitaciones persistentes, como el acceso insuficiente a servicios de extensión agrícola, la fragilidad de las organizaciones cooperativas, la falta de infraestructuras adecuadas para el secado y el almacenamiento, así como una fuerte dependencia de compradores informales, mantienen bajos los precios en origen y generan una elevada volatilidad de los ingresos. Este artículo examina de manera exhaustiva estos desafíos, incluyendo la inestabilidad de los precios, el escaso poder de negociación de los agricultores, la ausencia de sistemas estandarizados de clasificación y calidad, las restricciones logísticas y el acceso limitado a insumos y financiamiento asequibles. Asimismo, pone de relieve cómo la variabilidad climática, la degradación de los suelos y las pérdidas poscosecha siguen erosionando la competitividad del sector agrícola a pequeña escala.
En lugar de abordar la financiación como un problema aislado, el artículo demuestra que las restricciones financieras están profundamente interconectadas con la preparación operativa, los sistemas de calidad y la transparencia. Aquellos exportadores que no cuentan con estados financieros claros, procesos certificados y flujos de caja previsibles suelen ser percibidos como de alto riesgo, incluso cuando sus productos son competitivos y la demanda está asegurada. A partir de este diagnóstico, el texto avanza hacia las soluciones y expone lo que ya está funcionando en la práctica. Describe mecanismos como las estructuras de financiación mixta, las garantías de crédito, el respaldo de las agencias de crédito a la exportación, la financiación de cuentas por cobrar, las plataformas fintech y los acuerdos de offtake con compradores.
Kosona Chriv - 6 janvier 2026
Texto traducido por IA
Los pequeños agricultores, aquellos que generalmente poseen menos de 2 hectáreas, constituyen la columna vertebral de la producción alimentaria en los países en desarrollo. En Asia, África y América Latina, las explotaciones de menos de 5 hectáreas representan más de la mitad de la producción mundial de alimentos básicos como el maíz, el arroz, el mijo y el trigo. Estas pequeñas explotaciones se caracterizan por un uso intensivo de mano de obra y una concentración en cultivos alimentarios, lo que les confiere una productividad notable por hectárea. Según Zero Carbon Analytics: «Las explotaciones de menos de cinco hectáreas en los países en desarrollo aseguran más de la mitad de la producción mundial de nueve cultivos básicos», entre ellos el maíz, el arroz y el sorgo. La integración de estos agricultores en las cadenas de valor modernas representa, por tanto, un desafío estratégico para la seguridad alimentaria mundial y la mejora de los ingresos rurales.